Artículo sobre los judíos y Portugal.

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Artículo sobre los judíos y Portugal.

Notapor Corocotta » Mar, 12 Ago 2014, 06:56

Texto recogido en centro de estudios sefardíes.
LOS JUDÍOS EN PORTUGAL: la historia de un retorno
La historia que relato, que he titulado la historia de un retorno, no es una historia agradable. En las próximas líneas leeremos de unos de los capítulos más negros del pasado del pueblo judío, que ha guardado en el recuerdo de la Inquisición, de la masacre de Lisboa y de los autos de fe, uno de sus más grandes dolores. No obstante, también escucharemos la historia de un grupo de personas que, a pesar de la opresión y del oprobio a los que fueron sometidos, supieron honrar hasta ahora la raíz judía de sus antepasados.
En 2005, un grupo de criptojudíos volvió al judaísmo en un acto que se hizo en la sinagoga de Oporto llamada Mekor Jaim. Marrano es el nombre infamante que se les daba tanto en Portugal como en España a los conversos judíos al cristianismo.
El nombre proviene del árabe Marjan y significa lo prohibido. Hay varias versiones por la que se dice que los conversos recibieron este nombre:
1. Para compararlos con los puercos, por lo despreciables.
2. Por una mala traducción de las palabras hebreas Mar-Anus, es decir, señor converso;
3. Por una tendencia a exhibir ciertas costumbres cristianas para despistar a la Inquisición.
Lo interesante es que la conversión forzada de los judíos portugueses ocurrió en 1496 y durante más de cinco siglos, estas personas supieron burlar el celo del Santo Oficio y guardar bajo llave el judaísmo de sus antepasados.
El asentamiento
Los judíos llegaron a Portugal antes de que siquiera existiera la noción misma de la nación portuguesa.
Los judíos, junto a los celtíberos, conforman uno de los pueblos más antiguos en la historia de la península Ibérica. Hay quienes trazan la primera presencia judía en la zona con la fundación de Cádiz, la antigua Gades, a manos de los fenicios, quienes acostumbraban a trabajar mancomunadamente con los judíos. Otras leyendas señalan que los judíos llegaron a Portugal en el siglo VI a.c, en la época de Nabucodonosor; y también hay quienes los sitúan en la época del rey Salomón.
No obstante, la llegada de los judíos a toda la península Ibérica puede trazarse, sin dudas, a partir del año 70 de nuestra era con la destrucción del Templo de Jerusalén y la expulsión que hicieron los romanos de todos los habitantes del reino de Judea. La primera evidencia de la presencia judía en lo que posteriormente sería Portugal se encuentra en unas estelas funerarias que datan del siglo VI y que se encontraron en Lagos de Beira.
La invasión de los musulmanes a la península Ibérica se dio, en parte, por la ayuda que los judíos hicieron en contra de los reyes visigodos, quienes, tras la conversión de Recaredo en 589, en el Concilio de Toledo, del arrianismo al catolicismo, fueron víctimas de la persecución a las juderías bajo su mando, incluyendo las florecientes de Évora y Lisboa.
Aunque se habla de una época de pacífica convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes desde 711, cuando ocurre la conquista mora, hasta la reconquista por parte de los cristianos, se vivieron épocas de persecución, que obligaron a judíos y cristianos a convertirse al Islam.
Con la reconquista del territorio portugués desde 1128 hasta 1189, con la invasión a Silves, capital del reino del Algarve, muchas comunidades judías quedaron bajo jurisdicción de los reyes cristianos.
Durante esta época, algunos judíos ocuparon puestos importantes en la corte portuguesa. Por ejemplo, Yahi ben Yahia III, fue el cobrador de impuestos oficial del rey D. Affonso Henriques, además de ser el rabino principal de Lisboa. Su hijo, fue secretario real de Sancho I.
Entre los siglos XIII y XIV, en la época de los grandes descubrimientos portugueses, los judíos alcanzaron su máximo esplendor en Portugal. Se dice que aproximadamente 200 mil judíos, el 20 por ciento de la población, vivían en Portugal en ese entonces. Algunos, como Abraham de Beja fue enviado incluso a los descubrimientos.
Los judíos portugueses formaron una elite en la corte portuguesa y se habla de mercaderes poderosos, médicos y cartógrafos muy importantes que suscitaron las sospechas de la Iglesia. Algunos judíos importantes, como Abraham Zacuto, cuyo Almanaque Perpetuo, una obra de astronomía, sirvió a Vasco de Gama a llegar a la India. El maestro Guedelha sirvió en la corte de Duarte y de Afonso V. Isaac Abravanel fue un gran médico de la época. José Vizinho fue el médico del rey Juan II.
Una señal en la ropa
En febrero de 1391, el rey Juan I, a instancia de la Iglesia, obligó a los judíos portugueses a utilizar en la ropa una señal roja, consistente en una estrella de seis puntas, en el tórax, para poder diferenciar a los judíos de los cristianos, siguiendo las consejas olvidadas del Concilio de Letrán. Es interesante este dato, porque los nazis utilizarán esta misma técnica para la separación de la población judía del resto de la sociedad alemana durante la llamada Shoá u Holocausto, del siglo XX.
Ahora bien, la historia de los judíos en Portugal cambia radicalmente en el año 1492 con el edicto de expulsión de España que los reyes católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla impusieron.
De los 250 mil judíos que salieron de España para la fecha marcada, en julio de 1492, aproximadamente 80 mil optaron por refugiarse en Portugal. A esa altura, uno de cada cuatro portugueses era judío. Por la puerta del Portagem de Marvão, solamente, se cuentan 15 mil personas que utilizaron esta vía para llegar a un país que se veía seguro para los judíos.
El rey D. Juan II utilizó la desgracia ajena para lucrarse. Impuso a los inmigrantes el pago de dos escudos por persona durante ocho meses. La idea de la mayoría de los judíos españoles que entraron en Portugal era salir a otro destino; pero, no había barcos suficientes para ellos, por lo que el rey ordenó esclavizar a lo inmigrantes.
También ordenó que los niños menores de catorce años fueron bautizados a la fuerza y llevados a la isla de San Tomé, en África, entonces deshabitada, donde muchos encontraron la muerte.
En 1495, ascendió al trono portugués D. Manuel I, quien liberó a los esclavos, pero, esta alegría duraría muy poco. El rey Manuel pidió la mano de Isabel, hija de los Reyes Católicos, y de este infeliz matrimonio (que luego significaría la anexión de Portugal a España durante el reinado de los Felipes) trajo consigo la exigencia de los monarcas españoles de la expulsión de los judíos y moros también de Portugal.
Atrapados en Lisboa
Para D. Manuel I esta exigencia significaba la ruina de Portugal, por cuanto necesitaba de los capitales financieros y humanos que representaban los judíos portugueses y los recién llegados.
El 5 de diciembre de 1496 el Rey firma el decreto de expulsión de los judíos de Portugal y fija como plazo el 31 de octubre de 1497 como fecha tope para que se conviertan o abandonen el país. Una gran parte de los judíos huyó como pudo, algunos se convirtieron; pero, una parte importante se mantuvo fiel al judaísmo. A la par, las fronteras de Portugal estaban cerradas para los judíos y se ordenó el cierre de todos los puertos, a excepción del de Lisboa.
Con la promesa de que vendrían los barcos, el rey ordenó la concentración de los judíos en Lisboa para la fecha acordada. Aproximadamente 20 mil personas se reunieron en el puerto a la espera de unos barcos que no llegaron simplemente porque aquello era una trampa.
Apiñados en el puerto, el rey ordenó primero que se le arrancaran a las familias a los niños pequeños y que éstos fueran entregados a familias cristianas.
Se cuenta que el rabino principal de Lisboa, en el momento en que su hijo iba a ser deportado, le dio un abrazo de despedida. En pleno abrazo, el rabino asfixió a su propio hijo y, tras matarlo, se suicidó.
Luego, una serie de frailes desde las torres que rodeaban el puerto comenzaron a lanzar agua a los judíos. La multitud se abalanzó sobre ellos y muchos, arrastrados por las barbas o por el pelo, fueron empujados a pilas bautismales improvisadas con lo que se puso fin al judaísmo oficial en Portugal, para crear el problema del marranismo.
La tragedia de los marranos
Esta conversión forzada no estaba acompañada de ninguna convicción religiosa. De la noche a la mañana los judíos se vieron obligados a cambiarse el nombre por otro de resonancia cristiana (los apellidos con nombres de árboles y animales fueron los preferidos por los judíos locales, aunque también se hallaron apellidos patronímicos –terminados en es- y referidos a profesiones) y la obligación de llevar públicamente costumbres cristianas.
No obstante, la Iglesia no estaba contenta. En el Papado se oyeron críticas a la manera como los portugueses manejaron el asunto de los judíos; y la jerarquía católica local comenzó a diferenciar a los cristianos entre velhos o lindos, y cristãos novos a los recién convertidos.
Un pogromo lisboeta
Las prédicas de los frailes dominicos en contra de los cristãos novos tuvo su eco en abril de 1506, durante la epidemia de peste, que además vino acompañada de una gran sequía. El rey Manuel se refugió en Abrantes, mientras las muchedumbres se agolpaban en las iglesias esperando un milagro.
De pronto, el crucifijo de la iglesia de São Domingos, a cargo de los dominicos, se iluminó, lo que se interpretó como un gran milagro. Un cristiano nuevo que allí estaba señaló que aquello no era un porterno, sino una ranura en la ventana que permitía que el sol diera justamente donde se hallaba la imagen de Cristo.
Aquel acto fue considerado una herejía. El hombre fue linchado en la puerta de la Iglesia y a partir de allí, durante tres días, la turba fue al Bairro Alto de Lisboa a matar a mujeres, niños y hombres de origen judío, mientras los curas iban por las calles gritando «Herejía Herejía». Hasta un grupo de marineros extranjeros que se hallaban en el puerto se unieron a los saqueos y a la masacre, y comenzaron a matar a las mujeres.
Oigamos lo que nos dice Alexandre Herculano sobre esta hoja roja de la historia portuguesa:
«Os cristãos novos que giravam pelas ruas desprevenidos eram mortos ou malferidos e arrastados, às vezes semivivos, para as fogueiras que ràpidamente se tinham armado, tanto no Rossio como nas ribeiras do Tejo... A crueldade da plebe, incitada pelos frades, revestiu-se de formas ainda mais hediondas... Metiam a ferro homens, mulheres e velhos: as crianças arracavam-nas dos peitos das mães e, pegando-lhes pelos pés esmagavam-lhes o crânio nas paredes dos aposentos. Depois saqueavam tudo... Donzelas e mulheres casadas, expelidas dos santuários, eram prostituídas e depois atiradas às chamas».
El rey regresó, culpó a 45 personas, incluyendo a dos frailes dominicos, de la muerte de tres mil personas.
Entre 1506 y 1536, cuando se estableció la Inquisición en Portugal, los marranos se vieron a sí mismos atrapados en un entramado legal y religioso. Durante este tipo, los marranos desarrollaron algunas de sus características religiosas:
1. Al entrar a una iglesia católica rezaban: «En este templo no creo en figuras de madera ni de metal sino sólo en Ado-nay Di-os de Israel».
2. Observaban en secreto el judaísmo y en público el cristianismo, algunas veces con ostentación (de ahí que se diga, por ejemplo, que lo de marrano viene de la costumbre de consumir puerco en la calle).
3. Crearon grupos o «cofradías» como la de san Moisés, donde había incluso sacerdotes marranos que oficiaban de rabinos.
4. Observaban las fiestas judías y las disfrazaban. El minyán cuando había un enfermo terminal lo disimulaban con una visita; los ayunos los hacían yendo de «picnic» al campo o se declaraban enfermos; los sábados las mujeres salían a la calle a limpiar haciendo mucho ruido para que no se oyeran los rezos de sus hombres los sábados.
5. Originaron algunos movimientos mesiánicos como el de Antônio Homem, o Judeu do Sapato, Shlomo Molco (Diogo Pires). Algunos sostienen que los cristianos nuevos, ya confundidos con los viejos, produjeron el fenómeno del sebastianismo, mesianismo portugués que proclamaba la venida del rey Sebastián I, muerto en Alcazarquivir en 1578 .
En 1531 los cristianos viejos acusaron a los nuevos de haber provocado el terremoto de Lisboa, y comenzaron a presionar a la corona para el establecimiento del Santo Oficio en Portugal, lo cual se concretó en 1536. Hubo tribunales en Lisboa, Coímbra, Oporto, Lamego, Évora y Tomar.
El sistema inquisitorial portugués fue muy cruel: partía del hecho de que todo acusado debía probar su inocencia, y para ello debía adivinar el cargo que se le estaba imputando y quién lo había denunciado.
Algunos de los crímenes contra la fe que constan en los archivos de la Santa Inquisición estaban bañarse los sábados, lavarse las manos antes de comer, ponerles nombres del antiguo testamento a los hijos, que un familiar mirara a una pared al momento de morir o negarse a comer cochino.
Entre los mitos que circulaban en ese entonces se hablaba del abafamiento, que consistía en ahogar con una almohada a los moribundos mientras éstos recitaban el Shemá Israel para que no los oyeran los del Santo Oficio.
Las acusaciones eran anónimas y toda persona que era acusada automáticamente perdía todos sus bienes, lo cual fue utilizado como una forma de venganza.
Al acusado se le sometía a una serie de interrogatorios y torturas, en las cuales debían a su vez acusar a quienes consideraba sus «cómplices».
Muchas veces, los presos acusaban a sus familiares y amigos, en la mayoría de los casos judíos conversos, y hasta cristianos viejos cayeron en la trampa. Una vez que se acertaba con la acusación, el acusado debía arrepentirse y por lo general se le imponía la pena de andar con un sambenito que llevaba su nombre. Si este relapso moría, el sambenito se colgaba en la Iglesia de su fregresía o parroquia como monumento infamante para su familia.
Si el acusado era señalado de nuevo o si no quería arrepentirse, era considerado contumaz, lo que acarrearía la muerte: ya fuera en la hoguera, para los más persistentes, o con el garrote, para aquellos que se arrepentían a última hora. Los que habían muerto o se habían escapado antes de ejecutarse la sentencia eran quemados sus huesos o en efigie, lo que parece un chiste, si no se consideraba que ello acarrearía la confiscación de todos sus bienes.
El primer auto-da-fé, o sea, el espectáculo público en el que se quemaban a los judíos tuvo lugar en Lisboa el 20 de septiembre de 1540.
Durante los 254 s años que duró la Inquisición en Portugal, ésta quemó 1.175 personas vivas, más de 600 en efigie. Casi 30 mil personas fueron sentenciadas por la Inquisición.
Un grupo pequeño de cristãos novos se refugió en la aldea de Belmonte, en Tras-os-Montes, donde establecieron una comunidad criptojudía, con matrimonios endogámicos, y donde se conservó una versión del judaísmo bastante particular:
Al no tener acceso a los libros judíos, éstos, sobre la base del Antiguo Testamento crearon una liturgia propia, guiada principalmente por mujeres.
Como cristianos nuevos y bajo la mirada de la inquisición, miles de portugueses abandonaron el país y se establecieron en países como Holanda, Alemania, Inglaterra, Italia, Grecia y Turquía. En estas comunidades se establecieron llamadas Lámpadas dos Judeus, llamas votivas en honor a los muertos de la Inquisición. Mientras en los países del imperio Otomano, los judíos portugueses pronto se españolizaron por la absorción de éstos por un ambiente donde imperaba el español o ladino (dialecto judeo-español), en Holanda, Alemania e Inglaterra los portugueses mantuvieron su lengua y sus costumbres.
De Holanda, por medio de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, salió un grupo de judíos a Pernambuco, Brasil, y conquistaron Recife donde establecieron una colonia, donde había rabinos y sinagogas. Entre 1630 y 1654 hubo una importante actividad judía en las América; pero, con la reconquista de los portugueses del territorio de Recife, éstos fueron expulsados: unos optaron por ir a la Nueva Ámsterdam, la actual Nueva York, donde fundaron la primera comunidad judía de Norteamérica, y los otros se dirigieron a Curazao y Surinam, donde establecieron la colonia. La base portuguesa del papiamento de Curazao se debe a los judíos que allí se establecieron, y hoy por es la lengua general en la isla.
Curazao se convirtió en una piedra en el zapato de las autoridades coloniales españolas, ya fuera por el contrabando con los criollos, especialmente de la costa de Venezuela, o por la piratería. También por los intentos de reproducir en Venezuela la experiencia brasileña.
En Tucacas, en el siglo dieciocho, un grupo de judíos portugueses fundó la aldea de Santa Irmandade, estableciendo allí un rancherío con sinagoga incluida, que fue destruida por órdenes del gobernador español.
En el siglo XIX, los judíos portugueses de Curazao apoyaron activamente, con dinero y logística, la independencia de Venezuela y, en pago, la primera constitución nacional ordenó el cese de la Inquisición en el país y con la constitución de 1834 se permite el culto de otras religiones en el país. De ahí surge la primera comunidad judía de Venezuela, establecida en Coro, y donde sus integrantes todos tenían apellidos lusitanos y rezaban, en ocasiones especiales, en portugués.
Volviendo atrás, durante la anexión de Portugal y España, muchos cristianos nuevos aprovecharon esta circunstancia para venir a la América, donde suponían que la Inquisición no era tan fuerte como en la península.
Así se formaron comunidades de marranos en Lima y México, pero también hay reportes de éstas en Cartagena, Asunción y Tucumán.
En Venezuela, no se conoce de la existencia de redes de marranos como las de México y Perú, pero se sospecha que los portugueses que participaron en la conquista y en la fundación de ciudades como Guanare eran de origen judío. El río Portuguesa que le da nombre a la región se refiere a la esposa del fundador de Guanare, la que se ahogó en sus aguas.
El reasentamiento
En 1800, el rey de Portugal decidió invitar a los judíos a volver al país para revertir el declive económico. Los primeros judíos en volver a Portugal, de forma abierta, provenían de Gran Bretaña y en el cementerio británico de Lisboa, en una esquina, hay tumbas que datan de 1804.
Luego, inmigrantes de Marruecos, Tánger y Gibraltar establecieron comunidades en Lisboa, Oporto y Faro. El reconocimiento oficial de estas comunidades se hizo en 1892, cuatrocientos años después de la expulsión de España. Y pocos años después, se construyó la sinagoga sefardí Shaaré Tikvá, cuya fachada estaba oculta desde la calle.
En 1912, la república portuguesa reafirmó los derechos de la comunidad, y así se fundó el cementerio con Jevrá Kadishá, y se permitió la faena de animales según la ley judía, además de poderse llevar registro de circuncisiones y matrimonios.
En 1930, a la edad de 33 años, un marrano, el almirante Artur Carlos de Barros Basto decidió convertirse al judaísmo ortodoxo, lo que le valió que lo expulsaran de la armada. Éste construyó en Oporto una sinagoga. Luego, ésta, con el apoyo de Elie Kaduri, un judío sefardí muy rico, construyó la sinagoga Mekor Jayim, muy importante, pero sin minyan al principio. Basto estableció una yeshivá en Oporto, con 90 estudiantes.
Aproximadamente 10 mil familias en Portugal admitieron observar el judaísmo en secreto. El capitán Basto fue llevado a una corte, sentenciado y tuvo que cerrar su yeshivá. Otra sinagoga se construyó en Braganza.
Refugio neutral
Al estallido de la II Guerra Mundial, 380 judíos vivían en Portugal y unos 650 refugiados de Europa Central tenían status de residentes. Con la caída de Francia en manos de Alemania, Portugal comenzó una política liberal de dar visas a judíos, en represalia a que Alemania había dejado de comprar wolframio al gobierno de Antônio de Oliveira Salazar.
En plena guerra, un ingeniero polaco de origen judío, Samuel Schwartz, descubrió a los marranos de Belmonte. Schwartz adquirió un granero que resultó ser una antigua sinagoga en Tomar y allí estableció lo que llamó el primer museo judío de Portugal, amparado por el gobierno de Salazar.
No obstante, entre 1940 y 1941, el gobierno de Salazar ordenó algunas restricciones y el número de judíos que pudo utilizar la ruta portuguesa para escapar de los nazis decreció.
No obstante, en Burdeos, el cónsul portugués, Arístides de Sousa Mendes, desobedeció la orden y miles de judíos pudieron escaparse. Hoy De Sousa Mendes es considerado un justo entre las naciones por el Institutto Yad Vashem de Jerusalén. A pesar de ser el único en tener este honor, hay otros dos diplomáticos que ayudaron a los judíos a escapar: el general Carlos de Almeida Afonseca Sampaio Garrido y Carlos Alberto de Lis Teixeira Branquinho, ambos en Budapest, ayudaron a cientos de judíos húngaros con salvoconductos que los llevaron a Portugal. El número de judíos que Portugal ayudó oscila entre los 30 mil y los 100 mil.
Con la Creación del Estado de Israel, en 1948, los lazos entre ambas naciones fueron débiles al principio, con algunos contactos durante la época salazarista.
Después de la Revolución de los Claveles, en 1974, la mitad de la comunidad judía de Portugal se fue a Brasil, Canadá y Estados Unidos, por la política socialista del nuevo gobierno y por la debacle económica. Las relaciones diplomáticas entre Portugal e Israel se establecieron en 1977.
En 1996, el gobierno de Jorge Sampaio, nieto de una judía marroquí, organizó un acto central en el parlamento portugués para derogar oficialmente el edicto de expulsión de los judíos de Portugal. A ese acto asistieron la doctora Paulina Gamus, de la comunidad judía de Venezuela, y su esposo, Amram Cohén, ex presidente del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas.
La comunidad judía actual más grande se halla en Lisboa con 300 personas, con dos sinagogas: la Shaaré Tikvá (sefardí) y Ohel Jacob (askenazí), que se agrupa en la llamada Comunidade Israelita de Lisboa y la organización HeHaver. Hay también una comunidad de judíos conservadores llamada Beit Israel, formada especialmente por los Benei Anussim. Mientras tanto, en Belmonte, la colectividad marrana más pura y más conocida, ha tenido problemas para la reintroducción del judaísmo, sobre todo, por la renuencia de algunos de aceptar que las mujeres, quienes mantuvieron viva la llama del judaísmo en la zona, no pueden tener un papel protagónico como el que tenían en los últimos cuatro siglos. Empero, hasta allí han llegado los emisarios para el establecimiento de una sinagoga, que hoy funciona con un rabino de origen chileno.
Enlace:
http://centroestudiossefardies.org/Revista%20Maguén-Escudo/Revista%20153/los-judios-en-portugal-la-historia-de-un-retorno


Donde los estándares difieren, habrá conflicto: ¿Cómo unificar los valores del mundo? MO-TI
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